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ENTREGA LO QUE AMAS

Un día te despiertas y Dios te dice: “quiero que me entregues lo que más amas”.

Hasta ese momento todo iba bien, estabas en tu salsa, pero esta petición de parte de Dios llega a tu vida, y el entregar ese sueño, ese trabajo, una relación, se volvió un completo sacrificio. Has dudado tanto y hasta pensaste que tal vez esa petición no podría venir del cielo.

Y es difícil de creer que Dios pueda pedir algo así, pero en la Biblia encuentro una historia que me da luces sobre este tipo de solicitudes. En el libro de Génesis, capítulo 22, podemos leer la escena en que Dios le pide a Abraham que entregué en sacrifico a su amado hijo Isaac. Isaac era heredero de una promesa, pues de él vendrían muchas generaciones. Para dos padres viejos la idea de tener otro hijo era nula, y perder a Isaac sería el fin de esa promesa anhelada.

La Palabra nos relata que, a pesar de esta difícil petición por parte de Dios, Abraham obedeció y llevó a su hijo para ser sacrificado (algo demasiado fuerte), y que en el momento en que alzó el cuchillo para asesinarlo, un ángel gritando detuvo a Abraham porque se había visto en el cielo su fidelidad. En fin, les fue provisto un cordero para el sacrificio y la escena termina con Dios mismo jurando por sí, que bendeciría y multiplicaría la descendencia de este hombre al que luego llamaría amigo.

No sé a que punto Dios a veces nos puede pedir que entreguemos algo, pero creo que él observa la intención del corazón de obedecer a pesar de que nos duela. No debió ser fácil para Abraham esta petición, pero él tomó el único camino que le quedaba: la obediencia, y la fe.


Y él no obedecía por obligación, sino por el conocimiento de quién era Dios. Nuestro personaje sabía que Él no lo defraudaría, sea cual sea el fin, y eso es una clave para responder a la petición que hoy Dios nos hace a nosotros.


Nuestro Padre nos pide que le entreguemos algo que tal vez nos hace sentir muy bien, pero que en su realidad no es todo lo mejor que hay. Últimamente estoy repitiendo, Él nos pide algo no para quitarnos si no para aumentarnos, pero debemos de creer, y entiendo que sea costoso.


No me considero en absoluto Abraham, aunque me alegra tener ejemplos así. Mi única oración al cielo es que nuestro Padre pueda darnos la suficiente fortaleza para soltar eso que lleva tiempo demandándonos, porque estoy seguro que tras la obediencia hay una mayor bendición.

ESCRITO POR  GABRIEL CORNEJO

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